Con el lema «Por un
estatuto de primera; Andalucía, nación
solidaria» el 4 de diciembre, día
nacional de Andalucía, miles de
andaluces y andaluzas nos
manifestaremos por las calles de
Sevilla. La manifestación partirá de
la Plaza de la Encarnación a las 12 de
la mañana y terminará en el Patio de
Banderas del Alcázar donde se leerá el
manifiesto y habrá varias actuaciones
musicales
La CUT ha sido el
motor de esta manifestación desde su
inicio. Ya en el mes de junio
propusimos en el Bloque Andaluz de
Izquierdas que la reforma estatutaria
debía ser la campaña central.
La razón no es
difícil de entender. Hasta dentro de
30 ó 40 años no vamos a tener otra
reforma del estatuto de autonomía de
Andalucía. O aprovechamos ahora la
ocasión o después será tarde. Además,
el PSOE y el PP están cocinando un
nuevo estatuto que no sólo se va a
quedar muy lejos de las necesidades
del pueblo trabajador andaluz, sino
que también va a suponer un retroceso
respecto al anterior. Referencias a la
reforma agraria, al pleno empleo o a
la deuda histórica que existían en el
Estatuto de Carmona pueden desaparecer
en el nuevo.
Al contrario que
las propuestas de estatuto elaboradas
en Catalunya y el País Vasco que abren
un proceso federalizante, Chaves no
sólo no está a la altura sino que
cumple un papel de retaguardia en la
futura configuración del estado.
Desde un principio
la CUT consciente de la
desmovilización existente y la lejanía
del tema para la inmensa mayoría de
andaluces y andaluzas creyó oportuno
ir vinculando la reforma del estatuto
con temas sensibles para los
ciudadanos como las bases, la
precariedad o la vivienda. Por este
motivo se convocó la Marcha a Morón el
pasado 9 de octubre donde
específicamente se reivindicaba la
soberanía del pueblo andaluz para
decidir el futuro de las bases que
están en nuestra tierra.
El punto álgido de
esa campaña indudablemente era el 4 de
diciembre que no sólo era una
importante fecha simbólica -día
nacional de Andalucía-, sino que este
año caía en domingo y entraba dentro
de los plazos de tramitación del
estatuto. Desde el principio
entendimos que ese día debía haber una
gran manifestación, lo que hacía
indispensable una convocatoria amplia
que garantizara la participación de
fuerzas como el PA, el PSA o IU que,
además, ya defendían la definición de
Andalucía como nación. Con esta
composición sólo se podían plantear
dos grandes ejes políticos: Andalucía
nación y máximo techo competencial.
La iniciativa
política del Alcalde de Carmona,
Sebastián Martín Recio, impulsor de la
Plataforma "Andalucía por Sí",
posibilitó esa convergencia. En la
Plataforma confluían gente de la
Universidad (Isidoro Moreno, Lina
Gavira, Delgado Cabeza, Acosta,...),
de los movimientos sociales
(Ecologistas en Acción, APDHA, Sevilla
Acoge,...) y cargos públicos y
dirigentes de IU, PSA y PA. En la
reunión del 17 de octubre esta amplia
Plataforma accedió a realizar una
propuesta abierta a los partidos,
sindicatos, movimientos sociales, etc
para que el 4 de diciembre hubiera una
manifestación en la capital andaluza
reivindicando la identidad nacional de
Andalucía.
El Bloque Andaluz
de Izquierdas y la CUT reivindicamos
un nuevo Estatuto de Autonomía que
reconozca a Andalucía como nación y
por tanto, su soberanía para decidir
libre y democráticamente su futuro.
Esto implica un rechazo frontal al
modelo de estado actual consagrado por
la Constitución monárquica que fue
impuesta por el postfranquismo con el
consenso de la izquierda reformista.
Nuestra demanda es
muy clara: el pueblo andaluz debe
disponer de un PODER ANDALUZ SOBERANO.
En un mundo donde la globalización y
el imperialismo da un enorme poder a
las multinacionales y al mercado
frente a los estados, frente a las
naciones, frente a los pueblos…
Andalucía se queda sin capacidad real
de decidir.
Y en el Estado se
va a construir un modelo de Estado
asimétrico contrario a los intereses
de Andalucía, donde las naciones ricas
serán más ricas y las pobres aún más
pobres.
Un estatuto que
afronte los problemas de Andalucía
debería contener, al menos, en nuestra
opinión:
1.- El
reconocimiento de Andalucía como
nación y, por tanto, el Estatuto
debe garantizar el derecho
irrenunciable del pueblo andaluz a
decidir libre y democráticamente
su destino.
2.- El Parlamento
de Andalucía debe tener competencias
suficientes para optar por una
economía solidaria que apueste por
la empresa pública, posibilite el
acceso de los trabajadores a los
medios de producción, reparta la
riqueza y camine al pleno empleo.
3. Necesitamos un
Banco Público Andaluz que
invierta en las necesidades sociales
-donde no llega la iniciativa privada-
y que tengamos poder suficiente
para nacionalizar la banca.
4.- La Soberanía
Alimentaria y la Reforma
Agraria es una demanda
irrenunciable para Andalucía. Esto
significa capacidad para decidir la
propia política agraria y
agroindustrial.
5.- Declaración de
Andalucía como Territorio de Paz y
desmantelamiento de las bases
militares de Morón, Rota y
Gibraltar.
6.- La vivienda
no es una mercancía, sino un derecho
irrenunciable para las personas. El
Parlamento tendrá competencia
suficiente para promulgar una Ley
del Suelo que convierta en público
todo el suelo urbanizable y así
disponer de viviendas dignas y
baratas.
7.- El
reconocimiento del derecho a una
Renta Básica. Esto significa que
todo andaluz y toda andaluza, por el
hecho de serlo, por el simple hecho de
ser persona tiene derecho a un ingreso
social que le garantice el bienestar
material y le permita vivir con
dignidad.
8.- Un modelo
territorial que apueste por el
municipalismo solidario. Es decir,
más competencias y recursos
financieros para los Ayuntamientos.
9.- Una
educación y un sistema de salud
verdaderamente públicos, universales y
gratuitos. Ni el saber ni la salud
pueden ser un negocio privado.
10.- Un sistema que garantice la
autonomía financiera y permita
desarrollar todas las competencias
contenidas en el Estatuto. Apostamos,
por tanto, por un Concierto
Económico y por la creación de un
Fondo de Compensación que
atienda al principio solidario de la
discriminación positiva con los más
pobres.
Así entendemos desde la CUT lo que
significa un estatuto de primera para
nuestra nación. No nos anima ningún
criterio comparativo o de agravio con
otras propuestas estatutarias, sino el
impulso político de partir de las
necesidades de nuestro pueblo y de los
intereses de la clase trabajadora.
¡VIVA ANDALUCÍA LIBRE, SOBERANA Y
SOCIALISTA!
Este
4 de diciembre
ANTÓN TORRES
Un breve
repaso por el presente más cercano
y la actualidad de la lucha por
Andalucía
El 22
de noviembre de 1975, hace 30
años, el actual Rey de España,
Juan Carlos I pronunció las
siguientes palabras: “Juro por
Dios y sobre los Santos Evangelios
cumplir y hacer cumplir las leyes
Fundamentales del Reino y guardar
y hacer guardar lealtad a los
Principios Fundamentales del
Movimiento”, tras lo cual fue
coronado Rey, sucediendo en la
Jefatura del Estado al genocida
dictador Franco, que había muerto
dos días antes. En las
celebraciones que han tenido lugar
conmemorando los 30 años de
reinado de Juan Carlos, PSOE y PP
han coincidido, dejando al margen
sus habituales enfrentamientos, en
destacar la figura del monarca. El
mensaje ha sido claro: “gracias a
Juan Carlos I hay democracia en
España”. Los grandes medios de
comunicación han coincidido en
difundir ese mensaje, no ha habido
nada que criticar, ningún pero que
poner a este mensaje, es más,
hasta los partidos con
representación parlamentaria no
monárquicos (que son la mayoría)
han guardado silencio. La figura
de Juan Carlos es inviolable
constitucionalmente hablando, y
mítica y divina gracias a los
grandes medios de comunicación.
Empezaba así, hace 30 años, con
las palabras de lealtad de Juan
Carlos a los principios del
régimen franquista, una operación
al más alto nivel para realizar
toda una serie de cambios,
tutelados por los Estados Unidos y
en el contexto de la denominada
“Guerra Fría”, para la
incorporación del Estado español a
las “democracias occidentales
capitalistas”. A esta operación se
le ha llamado “Transición”.
Esta operación no era fácil: el
poder de la gran oligarquía
española, aliada de los Estados
Unidos o de los estados
imperialistas europeos, debía
quedar asegurado, frente a la real
amenaza que suponían la creciente
conflictividad obrera y popular y
las reivindicaciones nacionales de
los pueblos que componen el Estado
español. Por eso, se hacía
necesario que la oligarquía
española cediese parcelas de poder
tanto a los grandes partidos de
izquierdas (PSOE y PCE) como a los
representantes políticos de las
burguesías nacionales,
principalmente vasca y catalana.
Aislando así a la mayoría de
organizaciones de izquierdas
combativas y nacionalistas
progresistas, con las sabidas
excepciones de Euskal Herria, y en
menor medida Catalunya y Galicia,
que demandaban el ejercicio de
derechos democráticos reales, como
el derecho a la autodeterminación,
o el cambio social revolucionario
frente a un capitalismo en su fase
imperialista decrépito y en
crisis. A quienes no aceptaron la
“democracia impuesta” de la
oligarquía española les cayó la
represión, los años siguientes a
1975 así lo demostraron: los
asesinatos de obreros en Vitoria-Gasteiz,
los sucesos de Montejurra, los
asesinatos de Atocha, el atentado
contra el líder independentista
canario Antonio Cubillos, los
asesinatos de los militantes del
PCE (Marxista-Leninista) Javier
Eizaguirre y Aurelio Fernández
Cario, de la militante del PST
Yolanda González, o de José Miguel
Beñaran “Argala”, etc., más tarde,
como todos sabemos llegarían los
GAL; o en Andalucía, el asesinato
de García Caparrós en Málaga, de
Ignacio Montoya en Trebujena , o
el “caso Almería”, entre otros,
además de detenciones, cárcel,
torturas, etc. Mientras el PCE,
legalizado en la Semana Santa de
1977, podía presentarse a las
primeras elecciones tras la muerte
de Franco, el resto de partidos
comunistas y revolucionarios
tuvieron que hacerlo sin utilizar
sus siglas, sorteando la
ilegalidad en la que estaban
sumidos. Igualmente, años antes,
en 1975, la dirección del PCE, en
un claro gesto de buena voluntad
hacia la oligarquía, dio ordenes
expresas a sus abogados para que
no defendieran a los que iban a
ser los últimos fusilados del
franquismo: los miembros del FRAP
Xosé Baena, José Luis Sánchez
Bravo, y Ramón García Sanz, y de
ETA (Político-Militar) Ángel
Otaegi y Juan Paredes “Txiki”.
La
Constitución de 1978, los Pactos
de la Moncloa, los Estatutos de
Autonomía, la LOAPA, y todo el
cuerpo legal que iba dando forma
al nuevo Estado postfranquista no
fue más que fruto de los pactos de
la oligarquía española con las
burguesías nacionales vasca y
catalana y el reformismo de
izquierdas.
Andalucía, 4 de Diciembre de 1977
En un contexto de
cambio, especialmente en la
estructura del Estado como
consecuencia de todo lo anterior,
surgió, inesperadamente, la
“cuestión andaluza”. Como escribía
en un artículo de la desaparecida
revista “Nación Andaluza” el
antropólogo Isidoro Moreno:
“El 4 de
Diciembre de 1977 se desmoronó el
mayor mito existente sobre
Andalucía: que aquí no se daba
conciencia, ni siquiera
sentimiento de diferenciación y
mucho menos voluntad de
reivindicar instituciones propias
de autogobierno”.
Los
primeros en sacar a relucir la
“cuestión andaluza” fue una
organización socialdemócrata y
nacionalista compuesta por cuadros
políticos surgidos de la pequeña
burguesía urbana andaluza, se
trataba de ASA (Alianza Socialista
de Andalucía), que más tarde dio
lugar al Partido Socialista de
Andalucía (PSA), hoy PA. Después
se unieron el resto de
organizaciones de izquierdas,
especialmente el PTE.
La
Andalucía de finales de los 70 y
principios de los 80 presentaba
una situación social y económica
dramática, especialmente en el
medio rural, donde la agricultura
empleaba en 1975 al 30.4% de la
población activa andaluza, y en el
que el paro, el hambre, y la
marginación golpearon duramente.
La crisis económica afectó
gravemente a Andalucía; la
“válvula de escape” que para
Andalucía, a partir de los años 50
del siglo pasado, supuso la
emigración hacia otros territorios
del Estado español y Europa, se
cerró, y muchos de los que
abandonaron Andalucía regresaron
ante la falta de oportunidades y
perspectivas en los lugares
tradicionales de emigración
andaluza que igualmente se vieron
afectados por la crisis.
La
bandera verdiblanca estaba en
todas partes, fue casi una moda,
mientras la rojigualda estaba mal
vista y desprestigiada, era cosa
de los “matones de la Falange”. La
andaluza era la bandera de las
asociaciones de vecinos, de los
grupos de mujeres y de los
primeros grupos ecologistas que
surgieron en Andalucía, de los
pescadores hostigados por
patrulleras marroquíes o
portuguesas, la bandera de los
trabajadores ya fueran de
Intelhorce (empresa textil
malagueña), de Astilleros de Cádiz
o Sevilla, o los mineros de Río
Tinto de Huelva..., y por
supuesto, la bandera del
proletariado del campo andaluz,
los jornaleros. El 1 de agosto de
1976 tenía lugar en Antequera la
primera “Asamblea de Jornaleros de
Andalucía” donde se decidió la
creación del Sindicato de Obreros
del Campo (SOC).
Andalucía se convirtió en un tema
recurrente, de investigación
económica, histórica, cultural,
musical, lingüística, etc. La
figura del “Padre de la Patria
Andaluza”, Blas Infante, salía del
olvido.
Por
eso, frente a un modelo de Estado
donde Andalucía corría el peligro
de verse en situación de
desigualdad política con otras
naciones del Estado, el pueblo
andaluz reaccionó y el 4 de
Diciembre de 1977, recordando
aquel 4 de Diciembre de 1868
cuando el pueblo de Cádiz se alzó
en armas reivindicando la
República Federal, salió a la
calle en masa reivindicando
autogobierno. También participaron
más de 60000 andaluces residentes
en Catalunya que llevaron a cabo
actos reivindicativos en sus
localidades de acogida. Pero ese
día acabó en tragedia, el joven
trabajador malagueño afiliado a
las Comisiones Obreras José Manuel
García Caparrós cayó abatido por
las balas de la policía española,
sus asesinos no han conocido
ningún tipo de castigo.
El
4 de Diciembre de 1977 fue un
claro acto de conciencia nacional,
de afirmación que el régimen
postfranquista debía reconducir y
desactivar a cualquier precio. La
reivindicación andaluza no estaba
prevista en los planes de la
oligarquía española. Un año más
tarde, en 1978, se firma el “Pacto
de Antequera” por el que los
principales partidos andaluces se
comprometían a que Andalucía
tuviera el máximo techo
competencial posible, pero eso sí,
dentro de los límites de la
Constitución monárquica, negando
ya expresamente el reconocimiento
nacional andaluz y el derecho a la
autodeterminación. De nuevo, el 28
de febrero de 1980 tuvo lugar otro
acto de afirmación y conciencia
andaluza cuando el pueblo andaluz
afirmó en referéndum que quería
disponer de un Estatuto por la vía
del artículo 151 de la
Constitución, pero con la
aprobación del llamado “Estatuto
de Carmona” en octubre de 1981,
donde la “mano militar” del 23-F
se dejó sentir, las aspiraciones
se vieron frustradas, y la lucha
fue prácticamente desactivada.
Los
pactos que funcionaron a nivel
estatal con la presencia de la
izquierda reformista del PSOE y
PCE, más, en el caso andaluz, el
PSA, también funcionaron, y a la
perfección, en el País Andaluz. La
“cuestión andaluza” quedó “atada y
bien atada”, sobre todo gracias al
PSOE y su gestión en la Junta de
Andalucía. Andalucía debía seguir
siendo lo que, a pesar de los
cambios, hoy sigue siendo: una
nación dependiente, saqueada por
la oligarquía española y sus
cómplices, especializada en el
turismo de sol y playa y campos de
golf, en el blanqueo de dinero y
la especulación, el cultivo de
invernadero de litoral donde
trabajan cientos de inmigrantes en
condiciones deplorables, un lugar
donde instalar industrias
contaminantes y bases militares
(recordemos las bases
norteamericanas de Rota y Morón),
y con un hecho nacional-cultural
despreciado y ridiculizado.
Sin
embargo, es justo recordar a
quienes en Andalucía siguieron
resistiendo, de una manera o de
otra, a las organizaciones
políticas de izquierdas combativas
y nacionalistas consecuentes.
Muchas desaparecieron, como el
PSUA, el FLA, Liberación Andaluza,
el FAL, el PAU-PTA, el MCA, el
sindicato SUAT, etc., pero otras
nuevas fueron surgiendo y
manteniendo la lucha por la
liberación nacional y social de
Andalucía, como el PCPA, Nación
Andaluza, Asamblea Nacional de
Andalucía, la organización juvenil
independentista Jaleo!!!, etc.
Especial mención merece en este
sentido el SOC que contra viento y
marea ha seguido levantado la
bandera de la reivindicación y la
lucha, y no solamente jornalera,
también política; y el pueblo
sevillano de Marinaleda, todo un
ejemplo de dignidad y constancia.
Como epilogo valgan
de nuevo las siguientes palabras
de Isidoro Moreno:
“Ahí era nada:
Andalucía, a la que se había
intentado utilizar como objeto
arrojadizo en la lucha
interpartidaria por alcanzar la
hegemonía en el conjunto del
Estado español, se estaba tornando
sujeto de su propio destino ante
la estupefacción, y la alarma, de
los aprendices de brujo. Había que
desactivar la fuerte carga
potencial de nacionalismo popular
andaluz que se había expresado
desde el 4 de Diciembre del 77 al
28 de Febrero del 80”.
Andalucía, 4 de Diciembre de 2005
De
nuevo, el Estado español se
encuentra ante un posible proceso
de reorganización territorial,
apareciendo los representantes
políticos de la oligarquía
española (PSOE y PP) divididos
ante la cuestión. El sector más
conservador y más ligado el
imperialismo norteamericano,
representado por el PP, se niega a
esa reorganización, e incluso, de
buena gana hasta daría marcha
atrás al proceso autonómico, por
otro lado, el sector europeísta,
ligado al PSOE, pretende una
reedición de los pactos de la
“Transición” con los diferentes
representantes políticos de las
burguesías nacionales, para hacer
los cambios necesarios para que
todo siga igual o casi igual.
Tanto el “Plan Ibarretxe” como la
propuesta de Estatut, al margen de
las consideraciones de clase que
se puedan hacer sobre ambas
propuestas, han venido a propiciar
el debate sobre el modelo de
Estado, demostrando el carácter
sumamente reaccionario del PP, el
Ejército español, el garante
armado de la “unidad de mercado”,
y las grandes multinacionales
españolas. No olvidemos que la
derecha españolista ataca al
Estatut no solo por afirmar que
Catalunya es una nación, también
por su intervensionismo económico,
que según economistas próximos a
la derecha españolista, podrían a
Catalunya al mismo nivel que Cuba
y Corea del Norte (según la
revista “Época”, claro). E incluso
consideraciones tan demenciales
como las de la FAES, según las
cuales el Estatut fomentaría la
poligamia.
Pero Andalucía también está
inmersa en un proceso de reforma
estatuaria, planteándose
diferentes debates como el de la
financiación autonómica o el de la
denominación de Andalucía como
nación. Tras 24 años de Estatuto
andaluz, Andalucía no tiene poder
político, la oligarquía y el
Estado español, las
multinacionales y los Estados
imperialistas, así como las
continuas imposiciones
neoliberales de la Unión Europea,
se encargan de que así sea. El 90%
de los productos que consumimos
los andaluces son realizados fuera
de Andalucía, pero es más, estamos
importando el 53.4% de los
productos agroalimentarios, la
cuestión de la “soberanía
alimentaria” tiene sentido en
Andalucía. El supuesto “milagro
andaluz” se debe en un 60% al
sector terciario, mientras que la
capacidad de generar empleo no ha
sido en absoluto la esperada, la
Junta sigue obsesionada con el
déficit cero, y recortando ayudas
sociales.
Andalucía es un inmenso campo de
golf, con todo lo que eso
significa: en el 2003 Andalucía
concentró el 30.6% de las ventas
de promociones vinculadas a campos
de golf.
Pero las diferentes propuestas de
reforma estatutaria de los
partidos con representación en el
Parlamento andaluz parecen no ir
encaminadas hacia un modelo
político, económico y cultural que
rompa con esta dinámica.
Posiblemente, uno de los artículos
del actual Estatuto andaluz que
hacía referencia a la reforma
agraria sea eliminado, como si ya
no hiciera falta, como si la
concentración de la tierra en
Andalucía en pocas manos fuera
cosa del pasado. Mientras, poco se
dice de dignificar nuestras señas
identitarias, nuestra historia y
cultura.
Solamente hay una propuesta
estatutaria que rompe con los
actuales modelos, se trata de la
propuesta del Bloque Andaluz de
Izquierdas (BAI), formado por el
PCPA, la CUT, ERA, y la
organización juvenil
independentista Jaleo!!!. En esta
propuesta no solamente Andalucía
es reconocida como nación, sino
que por eso mismo tiene derecho a
decidir, a ejercer la
autodeterminación, cuestión no
reconocida expresa y claramente en
el “Plan Ibarretxe” y no
mencionada en la propuesta de
Estatut catalán. Pero no solo eso,
la propuesta del BAI tiene un
claro sentido de clase y
antiimperialista no encontradas en
las diferentes propuestas
estatutarias andaluzas, ni por
supuesto, en el “Plan Ibarretxe”
ni en el Estatut, que benefician
claramente a determinadas elites
económicas que sólo buscan un
acomodo en España al amparo de la
gran oligarquía española, y no a
la clase obrera ni a las clases
populares de las naciones vasca y
catalana, ni a sus ansias
legítimas de libertad nacional.
Una propuesta estatuaria para
Andalucía la del BAI que de
ninguna de las maneras puede ser
admitida por la oligarquía
española, pero tampoco por gran
parte del empresariado andaluz, ni
siquiera por los sectores que
puedan tener cierta conciencia
andaluza.
Este domingo 4 de Diciembre de
2005, Día Nacional de Andalucía,
hay convocada una gran
manifestación en Sevilla en la que
participarán los diferentes
partidos con representación en el
Parlamento andaluz, menos,
lógicamente, el PSOE y el PP, es
decir, IU y PA, más el PSA y el
BAI, que no tienen representación,
donde se pedirá el reconocimiento
de Andalucía como nación. Todo lo
dicho aquí anteriormente deberá
ser tenido en cuenta por el Pueblo
Andaluz, porque a estas alturas no
nos podemos permitir más engaños
ni estafas, como hace 30 o 20
años, por mucho que el domingo 4
de Diciembre en esa manifestación
a algunos se les llene la boca con
las palabras “Andalucía” y
“nación”.