En
los últimos tiempos, el 8 de Marzo
viene siendo tratado -desde la televisión y la Administración- como una fiesta simbólica
más que como un día de lucha. Pero
no hay nada que festejar: la situación
de la mujer trabajadora no es
precisamente un lecho de rosas
Seguimos
sufriendo día a día la
desigualdad, la discriminación y la
marginación. Y esto se traduce en
que las mujeres trabajadoras sufren más
los problemas que padece la humanidad.
Por
ejemplo, las mujeres sufren más
el analfabetismo (2/3 de los
900 millones de analfabetos son
mujeres), la pobreza (el 70% de
los pobres son mujeres), la desigualdad
salarial (las mujeres perciben ¾
partes del salario medio masculino),
las deficiencias sanitarias (500.000
mujeres mueren cada año por causas
relacionadas con el embarazo y el
parto), la violencia sexual (la
circuncisión femenina afecta a entre
85 y 114 millones de mujeres y niñas
en todo el mundo), la falta de
representación pública (las
mujeres sólo ocupan el 10% de los
escaños parlamentarios y un 6% de los
ministerios del mundo, aunque somos la
mitad de la población).
Esta
situación se reproduce en el Estado
español donde somos el colectivo más
afectado por el desempleo y la
precariedad: la tasa de paro
femenino (15,3%) es casi el doble que
la masculina (8%), la mayor diferencia
de toda la Unión Europea y la
temporalidad es mayor. Además, el
desempleo de larga duración afecta
sobre todo a las mujeres.
La
exclusión de las mujeres también
queda manifiesta en los nuevos modelos
de familia: un 33% de los hogares
monoparentales en el Estado español
están bajo responsabilidad de las
mujeres y por debajo del umbral de la
pobreza.
En
nuestra nación, Andalucía, las
mujeres trabajadoras tenemos un
salario anual un 21% inferior al de
los hombres, según reconoce la propia
Junta de Andalucía. Además, de
cobrar menos seguimos teniendo graves problemas
para conciliar la vida laboral y la
familiar y seguimos soportando las
tareas del hogar, con lo que continúa
la doble jornada.
Las
trabajadoras somos, además, uno de
los colectivos más afectados por la
globalización y las deslocalizaciones,
despidos y cierres de empresas que
trae consigo. Una tendencia que se va
agravar con la Constitución Europea y
el modelo neoliberal que regulará
desde ahora nuestras vidas.
El
trabajo dentro de la llamada economía
sumergida es la única vía para
muchas mujeres, lo que significa mayor
explotación. Toda esta opresión y
explotación se ve agravada en el caso
de las mujeres inmigrantes.
Especialmente
grave es la situación de la mujer
jornalera que debido al decretazo
del PP y a la negativa del Gobierno
Zapatero -a pesar de haberlo prometido
en campaña electoral- de restituir el
subsidio agrario se encuentra ante la
incertidumbre de un precario futuro en
el medio rural.
La
manera en la que vamos a conseguir
nuestros derechos y reivindicaciones,
es la movilización y la lucha y este
8 de Marzo así lo expresaremos en la
calle exigiendo, entre otras demandas:
-
A igual trabajo, igual salario.
Ninguna discriminación laboral.
-
Despenalización completa del aborto.
Por una ley de plazos.
-
Un plan de medidas sociales contra
la violencia de género que
contemple medidas de inserción
laboral, de acceso a la vivienda y
ayudas para el mantenimiento de los
hijos.
-
Plan de Obras Públicas destinado a la
socialización del trabajo doméstico
que contemple la construcción de
guarderías, comedores públicos y
lavanderías, etc.
-
Plan especial de protección de la
mujer rural que implique la
restitución de los derechos
vulnerados por el decretazo, la
reforma agraria y el acceso de las
mujeres trabajadoras a la explotación
de la tierra mediante cooperativas.
-
Equiparación al Régimen General del Servicio
del Hogar Familiar. Que garantice
como mínimo los mismos derechos
laborales y de Seguridad Social
reconocidos para el resto de
trabajadoras.
-
Derogación de la Ley de Extranjería.
Regulación inmediata de las
trabajadoras y trabajadores
inmigrantes.
-
Medidas para democratizar los Medios
de Comunicación y evitar los
mensajes que atenten contra la
dignidad de la mujer.