|
Golpe
al neoliberalismo de la Unión
Europea.
¡Teníamos
razón!, es Posible construir Otra
Europa
COMISIÓN PERMANENTE NACIONAL (8-JUN-05)
Una
Europa de los Derechos Sociales, de los
pueblos, de los trabajadores y
trabajadoras, una Europa donde el dinero
y el mercado no estén por encima de las
personas, una Europa que respete el
medio ambiente, una Europa que no esté
supeditada a los designios de EE.UU. y
de la OTAN es posible. Ese es el mensaje
de Francia y Holanda.
Un
NO que defendía una Europa diferente a
la que están construyendo las
multinacionales en Bruselas a espaldas
de los pueblos y ciudadanos. Un mensaje
que coincide con el que dimos los
280.000 andaluces que dijimos NO a esa
Constitución ultraliberal.
Al
igual que en Andalucía y el conjunto
del estado, el voto NO en Francia y
Holanda fue mayoritariamente de
izquierdas. Muchos comentaristas se
aventuraron al otorgar el masivo voto NO
francés a la extrema derecha de Le Pen.
Sin embargo, los datos dicen lo
contrario: el 70% del electorado
tradicionalmente de izquierdas votó NO,
mientras que tan sólo un 25% del
electorado de derechas hizo lo propio.
No
obstante, hubo tres diferencias
importantes en Francia que es necesario
analizar. La primera de ellas es que la
mayoría del electorado socialista votó
NO mientras que la dirección del PSF
pidió el SÍ. Es decir, las bases
electorales del socialismo francés se
rebelaron contra sus propios líderes. La
segunda tiene que ver con la actitud de
la principal central sindical francesa, la
CGT -equivalente a las CC.OO.
españolas-, que a pesar de la
resistencia de un sector de su
dirección se inclinó finalmente por el
NO.
Y
la tercera y no por ello la última en
relevancia es el rol y el peso que
juega la izquierda revolucionaria en
Francia. El conjunto de la izquierda
anticapitalista francesa, la LCR y Lucha
Obrera, obtuvieron un 10% del voto
popular en las últimas elecciones
presidenciales quedando a tan sólo seis
puntos del PSF y superando en siete
puntos al PCF. Esta izquierda ha sido
crucial, junto al PCF, en la
organización y dinamización de la campaña
unitaria del NO donde mil colectivos
y movimientos sociales -algunos tan
importantes como ATTAC- se coaligaron y
trabajaron por desactivar la
manipulación mediática a favor del
SÍ.
Ahora
es el momento de las alternativas y
desde estas páginas ya apuntamos
algunas cuestiones para que la Europa de
los pueblos y de los trabajadores y
trabajadoras vaya siendo una realidad:
10
medidas tras el NO francés y holandés
1.-
Retirada de la directiva Bolkestein y el
resto de directivas comunitarias
neoliberales.
2.-
Control público del Banco Central
Europeo.
3.-
Aumento sustancial del presupuesto y los
fondos estructurales para lograr una
verdadera cohesión social entre los
estados miembros.
4.-
Prohibición inmediata de los
transgénicos en el territorio de la UE
y medidas para la protección y
desarrollo de la agricultura ecológica.
5.-
Implantación de una política
comunitaria de potenciación de las
energías renovables (solar, eólica,
biomasa, etc).
6.-
Reconocimiento del derecho de los
pueblos sin estado a la
autodeterminación.
7.-
Reconocimiento del derecho al aborto y
medidas efectivas contra la violencia
machista contra las mujeres.
8.-
Igualdad de derechos para los
trabajadores y trabajadoras inmigrantes.
9.-
Anulación de la deuda de los países
pobres e implantación del 0,7% del PIB
europeo en ayuda al desarrollo.
10.-
Retirada de todas las tropas europeas de
Irak y Afganistán, desmantelamiento de
las bases americanas en Europa y
disolución de la OTAN.

El
futuro de la Constitución
JAVIER
GARCÍA (8-JUN-05)
Llama la atención como los poderosos de
la Unión Europea pretenden gestionar el
NO francés y holandés. Antes del
referéndum amenazaban con la
catástrofe si ganaba el NO, ahora
intentan minimizar lo ocurrido. No se
cansan de decir que el masivo NO
francés y holandés ha sido un simple
"tropiezo" y que el proceso de
ratificación debe seguir adelante como
si nada hubiera pasado. Sin embargo, en
privado reconocen el
tratado constitucional está herido de
muerte.
Las
consecuencias del NO francés y
holandés no han tardado en sentirse. Es
como si un tornado político haya pasado
por la UE. Tony Blair, partidario del
SÍ, ha decidido suspender «por
sensatez» el referéndum británico
pues tras lo ocurrido en Francia y
Holanda el NO subió del 57% al 72%. El
1 de julio Blair asume la presidencia
comunitaria y no ha querido aparecer
como el político que le da la puntilla
definitiva a una ‘Constitución’ que
hoy por hoy es un cadáver político.
En
los diez países (Alemania, Austria,
Bélgica, Eslovaquia, Eslovenia, Grecia,
Hungría, Italia, Letonia y Lituania),
donde los gobiernos no se habían
atrevido a convocar un referéndum y la
han aprobado en el Parlamento, el NO ha
subido en las encuestas. Por ejemplo, en
Alemania el número de defensores de la
Constitución ha bajado del 52% al 44% y
el de los opositores ha subido hasta del
32% al 39%.
A
diferencia del Estado español, donde
ganó la abstención y el SÍ no logró
siquiera el apoyo de un tercio de los
electores a pesar de la manipulación,
los Gobiernos de Polonia y Portugal se
han comprometido a respetar el resultado
del referéndum si la participación es
mayor del 50 por ciento.
En
el próximo Consejo Europeo del 16 y 17
de junio en Bruselas intentarán dar una
imagen de unidad y normalidad. «Todos
con la Constitución Europea, todos con
el futuro de Europa» dirán. Pero
en la trastienda se desarrollarán
fuertes enfrentamientos entre los
distintos gobiernos, a cuenta del
reparto de los fondos comunitarios para
el próximo sexenio.
El
tratado constitucional debería entrar
en vigor el 1 de noviembre de 2006.
Parece que el día de los difuntos ha
marcado el destino de esta Constitución
neoliberal.

El
NO francés puede abrir la puerta a Otra
Europa Posible
G.
BUSTER (30-MAY-05) La
victoria del No al Tratado
Constitucional de la UE en Francia y
probablemente en los Países Bajos el
1 de junio supone un golpe muy
importante al proyecto neoliberal de
construcción europea. Un golpe que
agravará una profunda y progresiva
crisis de legitimidad, de la que son
exponentes el ciclo de luchas sociales
iniciado con la huelga general del
sector público en Francia en 1995 y
que se prolonga hasta hoy, con huelgas
generales o parciales en casi todos
los países de la zona euro; el No del
primer referéndum irlandés sobre el
Tratado de Niza; la crisis de las
Comisiones Santer y Prodi (y ahora
Barroso) por escándalos de malversación
o corrupción; la división entre la
“vieja” y la “nueva” Europa
por la guerra de Iraq y la alta
abstención en las elecciones al
Parlamento Europeo y el referéndum de
ratificación español.
Crisis
de legitimidad y crisis del proyecto
neoliberal europeo
Esta
crisis de legitimidad del proyecto
neoliberal tiene razones estructurales y
subjetivas. El proceso de reestructuración
neoliberal de la economía europea,
iniciado en su fase actual con el
Tratado de Maastricht, responde y agrava
a la vez un bajo nivel de crecimiento
económico y de capacidad de competir en
la economía global con EE UU y Japón.
El bajo crecimiento medio de la
productividad de la economía europea,
resultado de una débil inversión
tecnológica, obliga desde los años 90
al capital europeo a buscar un aumento
de los beneficios a través de la
explotación del trabajo, bien
directamente reduciendo salarios y
aumentando las horas de trabajo, o
desmantelando el llamado “modelo
social europeo”.
Pero ese
“modelo social europeo”, es decir la
extensión del estado del bienestar a
los trabajadores europeos, era la clave
de bóveda del pacto social construido
tras la II Guerra Mundial como
consecuencia de la Guerra Fría. Era la
base del “europeismo” de las
direcciones sindicales cristiano-demócratas
y social-demócratas que apoyaron el
proceso de construcción europeo. Todo
eso se ha ido desmoronando después de
Maastricht a golpe de las políticas
económicas neoliberales que preparaban
la introducción del euro y extendían
el mercado único. La ampliación a los
nuevos estados miembros de Europa
Central ha llevado este proceso más allá,
al ejercer una presión exterior sobre
los salarios y los derechos laborales
con el chantaje de las deslocalizaciones.
La precarización y la competencia
desregulada con los trabajadores
emigrantes están siendo la última fase
de este proceso, que no solo esta
reestructurando la composición misma de
la clase obrera europea, sino también
sus identidades y sus lealtades políticas.
La Unión
Europea se ha desarrollado por encima de
la correlación de fuerzas concreta y
del pacto social de la postguerra en
cada estado-miembro. Es en realidad una
acumulación de regimenes y acuerdos
intergubernamentales, gestionados por
una burocracia prácticamente autónoma,
que aplica las “mejores practicas”
de las políticas neoliberales para
establecer un nuevo mercado único más
allá de las regulaciones internas de
los estados miembros. Responde a la
necesidad de un nuevo instrumento de
gobernanza de las oligarquías europeas
que no dependa de los equilibrios de
intereses de los estados nacionales, que
sustentan en definitiva su legitimidad
en el voto de los trabajadores a través
de los partidos políticos y el sistema
de representación parlamentario y están
limitados por ella. Una correlación de
fuerzas que es mucho más favorable a
las clases dominantes de los EE UU, que
cuentan con un sistema constitucional
mucho menos vulnerable a las presiones
de las otras clases sociales. De ahí
que la oligarquía del viejo continente
ni es federalista ni quiere en realidad
establecer un sistema político europeo
basado en la democracia representativa.
Lo que quiere es legitimar la situación
actual de un aparato administrativo y
burocrático capaz de asegurar con los mínimos
controles sociales y ciudadanos las
condiciones necesarias para el
funcionamiento del mercado único
europeo y apoyarlo en la economía
mundial frente a sus competidores.
El
Tratado Constitucional ahora rechazado
en Francia intenta convertir en ley esas
políticas neoliberales y dotarlas de
una legitimidad ficticia. A ellas y al
aparato burocrático, la Comisión,
dependiente de los ejecutivos de los
estados miembros, mediante una parodia
de democracia. La derrota sufrida por la
oligarquía europea en uno de los dos países
centrales de su proyecto de construcción
europea es tan importante porque el
Tratado Constitucional era la respuesta
estratégica a la crisis de legitimidad
popular, a los problemas de gestión e
integración tras la Ampliación, y a la
competencia en el mercado mundial con EE
UU, para lo que es imprescindible un
aparato administrativo capaz de cumplir
muchas de las funciones estatales de la
Administración norteamericana, sumando
y coordinando los recursos de los
estados miembros pero sin crear un
estado federal democrático liberal
europeo.
El
gólgota neoliberal del proceso de
ratificación
Solo dos
estados miembros, Irlanda y Dinamarca,
necesitan constitucionalmente ratificar
por referéndum el Tratado
Constitucional de la UE. Y la
experiencia previa en ambos estados no
había podido ser más negativa. La
decisión de España, Francia, Países
Bajos, Luxemburgo, República Checa,
Polonia, Portugal y Gran Bretaña de
ratificar el Tratado mediante un referéndum
consultivo respondía en buena medida o
a la confianza de que un resultado
positivo seguro tendría un efecto benéfico
para el conjunto del proceso (y se podrían
beneficiar internamente frente a sus
oposiciones los gobiernos que lo
convocasen), o era un paso inevitable
ante una fuerte oposición popular que,
de no ser consultada en referéndum,
pasaría factura a los partidos
implicados nacionalmente durante mucho
tiempo.
Ni los
estados miembros nórdicos, ni Alemania
o Italia decidieron correr riesgos
innecesarios ante la debilidad de sus
propias coaliciones de gobierno, y en
muchos de los estados de Europa central,
el peligro era simplemente una fuerte
abstención tras los referéndum de
ampliación de la UE.
La decisión
de convocar los referéndums consultivos
se hizo en un momento de euforia tras el
fin de la Convención y para responder
una vez más al problema de la
legitimación del Tratado
Constitucional. Después llegó la
alarmante señal de la abstención en
las elecciones europeas, la creciente
resistencia social en el 2003-2005
(hasta los Países Bajos tuvieron su
primera huelga general en muchos años)
y la erosión electoral de Schroder,
Chirac como consecuencia de sus políticas
económicas, y de Blair por la guerra de
Iraq.
En el
referéndum español ya se vio que la
apuesta podía ser arriesgada, cuando el
57,68% de los votantes se quedaron en
casa, aunque el NO obtuvieron solo un
17,24% de los votos. El efecto bola de
nieve positivo se empezaba a volver
negativo y a amenazar con arrastrar a
todo el proceso de ratificación
comunitario si Francia decía NO.
La
importancia de la campaña francesa
De todos
los estados que habían decidido el
referéndum consultivo como método político
de legitimar su ratificación, Francia
es la verdadera clave.
Países
Bajos es un país importante como
plataforma de inversiones de EE UU en
Europa y es con Bélgica y Luxemburgo un
eslabón importante en el proceso de
toma de decisiones comunitario como
representantes de los países pequeños.
Pero no tiene peso demográfico propio
ni alternativa a una decisión
comunitaria mayoritaria. Para Polonia,
donde el euroescepticismo es importante,
quedar fuera supone debilitar
enormemente su posibilidad de ser el
principal receptor de ayudas
comunitarias en las Perspectivas
Financieras 2007-2013 y verse condenada
a una marginalidad periférica cuando su
clase dominante aspira a jugar un papel
político en la UE similar al de España.
Gran Bretaña, en el filo del proceso
comunitario por su relación estratégica
privilegiada con EE UU, es un caso
excepcional en el proceso de construcción
europeo y, fuera del Euro, puede quedar
excluido del núcleo duro de las
cooperaciones reforzadas previstas en el
Tratado Constitucional y ver reducida su
capacidad de influencia política en
Europa, sin que ello cuestione el
desarrollo del “corazón”de la UE,
mientras se mantenga en una periferia
definida por la pertenencia al mercado
único. Su referéndum además, es el último
del proceso y orientado no tanto a la
legitimidad global del Tratado
Constitucional como a cambiar la
orientación de su opinión pública
interna.
Francia,
por el contrario, es no solo un
contribuyente neto y con Alemania el
principal motor del proceso de
construcción europea, sino que la
propia UE es impensable sin la
pertenencia y el papel predominante en
el proceso de toma de decisiones de la
burguesía francesa. No en vano alguien
como Giscard ha sido el presidente
designado de la Convención por el
Consejo Europeo. El relativo
debilitamiento de este peso central en
la UE tras la reunificación alemana y
la Ampliación daba al referéndum francés
una importancia nacional mayor, en la
medida en que en Alemania la ratificación
del Tratado Constitucional ha sido
exclusivamente parlamentaria. Y el hecho
de que en Francia gobierne la derecha,
mientras que en Alemania lo hace una
coalición socialdemócrata-verde por
muy neo-liberal que sea su política,
refuerza también el papel de Francia
como defensora de los intereses directos
de la gran burguesía europea.
Chirac
pensaba utilizar todo ello para reforzar
al mismo tiempo su posición política
interna: la del gobierno de la derecha
frente a las movilizaciones sociales; la
del sector más dependiente de su poder
presidencial en del partido
gubernamental UMP frente a un posible
rival como Sarkozy; cara a las
elecciones presidenciales francesas del
2007 contra un Partido Socialista,
dividido en dos, incapaz de liderar una
nueva “izquierda plural”, repitiendo
quizás la situación de las
presidenciales del 2002 cuando se quedó
solo en nombre de la República frente a
Le Pen, ahora defensor del NO de
derechas. Es decir ocupando ya, con dos
años de antelación, todo el centro del
espectro político francés.
La
experiencia del referéndum sobre
Maastricht de 1992 empujaba en el mismo
sentido. El PS había utilizado su
posición en el Gobierno para
estructurar el bloque del SI, arrastrar
a sus socios Verdes, a la UDF y a una
minoría del RPR gaullista, sobre la
base del apoyo del voto de mayor edad
(56%); las profesiones liberales (62%) y
los titulados universitarios (61%), unas
cifras casi idénticas a las que
reflejaban las encuestas de opinión en
el 2005, y que ahora forman
mayoritariamente el electorado de la
derecha francesa.
La
división del PSF y la campaña unitaria
del NO de izquierdas
La crisis
del PSF tras la derrota del Gobierno
Jospin y la debacle en las
presidenciales del 2002, combinada con
la creciente resistencia social a la política
neoliberal del Gobierno Rafarrin, han
ido reforzando el peso relativo interno
de las distintas corrientes críticas y
de la izquierda socialista, que han
confluido tácticamente o por principios
en el NO. Incluso una parte del aparato
del partido, encabezada por Fabius,
comprendió pronto que un SI conjunto
con Chirac era un anticipo de derrota en
las presidenciales del 2007.
En este
contexto, la victoria en la consulta
interna del PSF del SI no fue suficiente
para que Holland impusiera su disciplina
a los disidentes. El PSF se dividió en
la práctica en dos partidos que
hicieron sus propias campañas y
organizaron sus propias estructuras
paralelas. El aparato oficial socialista
sin poder apoyarse en el Gobierno,
mientras que el del sector crítico podía
arroparse en la capacidad de movilización
en la calle de la CGT, el PCF, la LCR y
los movimientos sociales como ATTAC o la
Confederación Campesina. La dinámica
unitaria de la izquierda social permitió
crear una campaña política unitaria
por el NO de la izquierda, apoyada en la
opinión contraria al Tratado de un 67%
de los trabajadores y de una proporción
aun mayor entre los jóvenes.
El efecto
multiplicador de esa campaña unitaria,
con la creación de 900 colectivos
unitarios en toda Francia, ha sido
enorme. Ha desmarcado además el NO de
izquierdas completamente del NO de la
derecha lepenista, que podría haber
recogido, según las encuestas un 17%
del voto. No solo hace difícil una
posible recuperación de este movimiento
contra las políticas neoliberales en
una nueva reedición de la “izquierda
plural” hegemonizada por el sector
socio-liberal del PSF, sino que plantea
políticamente la necesidad de una
alternativa más la izquierda, apoyada
en las fuerzas políticas y sociales del
NO.
El debate
de cual debe ser esa alternativa esta
abierto y como se plasme dependerá de
que forma adopte la crisis de la derecha
francesa, de la mayoría del PSF y de la
capacidad de mantenerse de las protestas
sociales. La LCR ha lanzado ya la idea
de unos Estados Generales del No de
Izquierdas y ha adelantado un programa
de lucha contra las políticas
neoliberales del gobierno de la derecha
en los próximos meses, cualquiera que
este sea tras la inevitable
reestructuración.
El
Plan B de la oligarquía europea y de la
burocracia comunitaria
La campaña
del miedo orquestada en apoyo de Chirac
por la Comisión, el Banco Central
Europeo y las demás instituciones
comunitarias, que amenazaban con una
crisis institucional, el debilitamiento
del Euro, la subida de los tipos de
interés y cosas por el estilo, ha
estado acompañada por una participación
directa de Schroder y Zapatero en la
campaña por el SI del PSF. La derrota
del SI es su derrota y les pasará
factura a nivel interno, sobre todo a
Schroder, en pleno declive electoral y
con la primera escisión en su partido
por la izquierda, aunque sea pequeña,
desde hace casi ochenta años.
El famoso
Plan B en caso de derrota, que según
Giscard no existe, puede consultarse en
internet en la web de la Fundación
Bertelsmann. Consiste en:
- Continuar
con el proceso de ratificación en
la UE y reiterar que el Tratado
Constitucional no esta muerto ni su
contenido es renegociable;
- Repetir
el referéndum en un año, siguiendo
el precedente irlandés;
- Comenzar
a aplicar por la vía de los
reglamentos comunitarios, las
decisiones del Consejo y los
acuerdos inter-gubernamentales
partes sustanciales del Tratado
Constitucional;
- En
caso de no ratificación definitiva
del Tratado, ir a una reforma del
Tratado de Niza, incorporando capítulos
sustanciales del Tratado
Constitucional en un nuevo Tratado
“Niza Plus”, que no tendría que
ser sometido a referéndum mas que
en Irlanda y Dinamarca.
El
problema de este Plan B, más allá de
la voluntad política que refleja, es
que es difícilmente imaginable un nuevo
referéndum en la situación política
francesa antes de las presidenciales del
2007. Que por otra parte daría pie a
argumentar que porque no se celebra
también en aquellos estados miembros
como en España donde el SI ha triunfado
con menos de un 50% de participación.
Y la
negociación de un Tratado “Niza Plus”
es cuanto menos muy complicada en medio
de las negociaciones sobre las
Perspectivas Financieras 2007-2013, de
las que dependen intereses estratégicos
como la política agraria común, las
subvenciones para la “Agenda de
Lisboa”, los fondos de cohesión y
estructurales para los nuevos estados
miembros, el “cheque británico” y
la “fase transitoria española”. Añadamos
a ello el efecto político que tendrá
el NO francés en las luchas de
resistencia a las políticas
neoliberales en otros países y en otros
referéndum (empezando por el de Países
Bajos el 1 de junio), en la crisis de la
nueva Comisión Barroso y en la
confianza de los sectores empresariales,
con la economía ya en recesión en
Alemania, Italia o Portugal y a punto de
entrar en otros países comunitarios.
El
agravamiento de la crisis comunitaria
será sin duda grave, aunque hay que
subrayar que el triunfo del NO francés
es una manifestación de la misma antes
de ser una causa añadida. Tampoco
conviene olvidar que la oligarquía
europea y la burocracia comunitaria
afrontan esta crisis desde una serie de
instituciones que no dependen
formalmente para su funcionamiento de
ningún proceso de legitimación que no
sean las decisiones de los ejecutivos de
los estados miembros y, en el caso del
Banco Central Europeo –que controla
las tasas de interés del Euro- ni
siquiera de ellos, porque es
completamente autónomo. El Tratado de
Niza sigue en funcionamiento, como
estaba previsto en cualquier caso, hasta
el 2009 y establece unas reglas de
votación para la adopción de las
nuevas Perspectivas Financieras que no
están en discusión.
Es
necesaria una alternativa de izquierdas
al proceso de construcción europeo
Que la
crisis del modelo de construcción
neoliberal de la Unión Europea sea
terminal o pueda recuperarse tras el NO
francés depende en buena medida si se
extienden las luchas sociales en toda la
UE y si la izquierda del NO es capaz de
ofrecer y construir una alternativa política
tanto a nivel de cada estado miembro
como a nivel europeo.
Necesita
para ello, en primer lugar, una táctica
unitaria de acumulación de fuerzas que
supere todos los sectarismos del pasado
y se plantee las tareas que tiene que
acometer en el presente y en el futuro
desde nuevas formulas políticas. La
campaña unitaria por el NO en Francia
es un ejemplo que hay que extender,
combinando la movilización social de
resistencia con la construcción de
plataformas organizativas, como los
Comités por el NO. En cada estado
miembro de la UE adoptará una formula
distinta. Lo importante es que la
experiencia conjunta de resistencia
cobre una forma organizativa unitaria
desde los niveles más inmediatos de
barrio, centro de estudio o de trabajo,
hasta las coordinaciones sindicales y
las plataformas de organizaciones políticas.
En ese esfuerzo deben estar desde las
izquierdas de los partidos socialistas
que, como en Francia o en Alemania han
dicho NO, hasta las organizaciones de la
izquierda alternativa, los PC,
Ecosocialistas y la izquierda
revolucionaria, impulsando un programa
de acción por encima de debates de
identidad ideológica.
El
Partido de la Izquierda Europea, que es
el principal instrumento organizativo de
la izquierda alternativa que existe a
nivel institucional europeo, debería
convocar una Convención Europea de la
Izquierda del NO, abierta a todas las
fuerzas políticas que están dispuestas
a movilizar en esta perspectiva y
debatir un programa de acción europeo
conjunto. Al mismo tiempo hay que
reforzar el movimiento de los Foros
Sociales Europeos como lugar de
encuentro y concertación de los
movimientos sociales.
En
segundo lugar, hay que ofrecer un Plan B
de la izquierda para hacer un giro de
180 grados en el proceso de construcción
europea, rompiendo con el
neoliberalismo. Es necesaria una
Constitución europea que recoja los
derechos sociales y proteja un auténtico
“modelo social europeo”, poniendo
las bases de una Europa de los
ciudadanos que tenga en un Parlamento
Europeo con poderes reales su centro de
legitimidad e iniciativa legislativa.
Las próximas elecciones al Parlamento
Europeo deberían abrir un auténtico
proceso constituyente europeo. Un
Parlamento Europeo que, en debate
abierto y público, elaborase una
Constitución europea que fuese sometida
a un único referéndum europeo y
ratificada por todos los ciudadanos de
la UE.
Ahora es
el momento de concretar esa otra Europa
posible que queremos.
|