El
Grupo de los Ocho viene funcionando
desde mediados de la década de los 70
y está formado por los Gobiernos de
los siete países más poderosos del
mundo (EE.UU., Japón, Alemania,
Francia, Gran Bretaña, Italia y
Canadá) más Rusia, que se incorporó
formalmente en 1998
Estos
países concentran el 60 por ciento
del PNB del planeta y controlan la
mitad del comercio mundial. Poseen
cuatro de los cinco puestos
permanentes del Consejo de Seguridad
de la ONU y mantienen bajo su control
a instituciones como el Banco Mundial,
el FMI o la OMC. 176 de las 200
mayores multinacionales están
radicadas en países pertenecientes a
este grupo.
Con
este inmenso poder en sus manos no es
ninguna exageración adjudicar al G-8
uno de los principales grados de
responsabilidad de la situación de un
mundo en el que:
-
4.000 millones de personas sobreviven
con ingresos inferiores a dos $
diarios y unos 800 millones sufren
hambre.
-
17 millones de niños y niñas mueren
cada año a causa de enfermedades
fácilmente curables.
-
900 millones de personas, el 15% de la
población mundial están sin trabajo.
-
La tercera parte de los habitantes del
hemisferio sur no llega a los 40
años.
-
El 20% de los niños y niñas del
planeta no van a la escuela y 250
millones tienen que trabajar como mano
de obra esclava para las corporaciones
transnacionales, para el sustento de
sus familias.
-
200 millones de mujeres estén
subempleadas, trabajando sin seguro de
enfermedad ni de accidente. El 70% de
las personas que viven en la pobreza
son mujeres. Las mujeres constituyen,
además, el 80% de la población
refugiada víctima de las guerras y el
60% de la población analfabeta.
-
Cada hora una superficie de bosque
tropical igual a la de un campo de
fútbol es pasto de las llamas. Debido
a la desertificación, el mundo ha
perdido casi un tercio de su tierra
cultivable en los últimos 30 años.
-
En más de un centenar de países, la
renta per capita sea hoy más baja que
hace quince años, es decir, 1.600
millones de personas vivan peor que al
principio de los ’80. En el espacio
de una generación, la distancia entre
los países ricos y los pobres se ha
doblado.
El
G-8 constituye la principal instancia
de la globalización capitalista y la
ofensiva neoliberal que recorre el
mundo. Es uno de los principales
organismos responsables del saqueo de
los países pobres por los ricos,
proporcionando los medios necesarios
para que los bancos y las
instituciones financieras continúen
extrayendo dinero de la periferia y
cargando el peso de la deuda sobre los
pobres. El papel que juega el G-8 en
la comunidad internacional consiste en
organizar ese saqueo, justificarlo o,
cuando es necesario, defenderlo con
las armas en la mano mediante
intervenciones militares.
Han
conseguido abrir las economías
empobrecidas a los voraces capitales
transnacionales, eliminar regulaciones
tanto en el campo laboral como medio
ambiental y deslocalizar industrias
con bajos costes de producción para
que las compañías transnacionales
puedan competir con ventaja. Sus
recetas siempre consisten en
desmantelar el sector público y
recortar los gastos sociales lo que
incide muy negativamente en la calidad
de vida de las capas más débiles de
la población.
La
miseria y la pobreza que el G-8 genera
en una parte del mundo y de la
sociedad significa la riqueza y la
opulencia en la otra: los ingresos de
las 258 personas más ricas del
planeta superan los ingresos conjuntos
del 45% de la población mundial
(2.700 millones de personas).
Todo
esto ha generado un creciente rechazo
social al G-8. Consciente de esto,
desde hace años, cada Cumbre del G-8
suele venir precedida de declaraciones
rimbombantes para poner remedio a la
pobreza en el mundo o de algún
anuncio efectista contra la deuda
externa.
La
Cumbre que se celebrará del 6 al 8 de
julio en Gleneagles (Escocia)
no ha sido menos. Esta vez la
medida anunciada es la anulación de
una parte de la deuda a 18 países que
no representan más del 10 por ciento
de la población de los países en
desarrollo. Se habla de 40.000 milones
de dólares, cantidad que representa
poco menos de una cuarta parte de los
370.000 millones de dólares que los
países en desarrollo desembolsan en
un solo año para pagar los intereses
de la deuda.
Esta
supuesta generosidad viene además
condicionada a la apertura de las
economías de estos países del sur a
los intereses de las trasnacionales
del norte y a la continuación de las
políticas neoliberales de
privatización de los servicios
públicos y de los recursos naturales
de los países endeudados.
La
magnificencia del G-8 se cae a pedazos
cuando los 27 países deudores más
pobres van a pagar más por su deuda
en 2005 que lo destinado en 2003. Esta
es la hipocresía de los poderosos del
mundo.
La Cumbre del G-8 está siendo
contestada por cientos de miles de
personas en Gleneagles (Escocia)
donde se van a desarrollar diversas
manifestaciones, bloqueos y
contracumbre. También en el resto del
mundo se van a desarrollar protestas.