Prohibir
es siempre reprimir. Prohibir la
realidad es propio de esquizofrénicos
y una tarea inútil que no puede
conducirnos más que al fracaso y al
abismo.
En
estos momentos tan
ultraconservadores donde no hay más
discurso que el pensamiento único
es imprescindible decir la verdad no
solo porque sea revolucionaria sino
porque es el único asidero del
pensamiento crítico que pueda
romper con tantas alienaciones
impuestas por los señores que
controlan el poder.
Decir
la verdad de lo que uno piensa y
siente es por otra parte en esta
sociedad de encefalograma plano
peligroso y hasta temerario porque
los "torquemadas" de lo
"políticamente correcto"
te pueden señalar con el dedo y
mandarte directamente a la cárcel o
propiciar tu linchamiento público.
Pero
a pesar de esto y otros muchos
pesares diré lo que pienso, les
guste o les disguste a los señores
del orden establecido y cueste lo
que me cueste porque el silencio aquí
y ahora es complicidad y un hecho
política y humanamente abominable.
La
ilegalización de Batasuna es una
barbaridad política propia tan solo
de los ciegos que no quieren ver. Y
es una barbaridad se siga el camino
de "la ley de partidos políticos"
que atenta contra derechos
esenciales que la propia Constitución
consagra como son la libertad de
expresión y la libertad de asociación
o sea por el camino seudojurídico
del Juez Garzón que con sus
exhibiciones no hace más que
demostrar que la ley y su aplicación
no es más que la dictadura
miserable de la clase dominante.
Yo
no voté la Constitución porque había
y hay aspectos fundamentales que no
comparto y porque en aquellos
momentos estaba en la cárcel, pero
me da mucha rabia que los
fundamentalistas que consideran la
Constitución como un dogma
inamovible sean quienes la pisotean
cada vez que le sale de sus
caprichos y de sus intereses. No
creen ni en sus propias leyes, tal
vez porque la burguesía no tenga más
creencias, ni más sentimientos ni más
ley que la de sus cajas fuertes.
La
Ley de Partidos Políticos es un
golpe de Estado a la propia
legalidad que dicen proteger las
fuerzas más reaccionarias que van
de la mano de las consignas del
imperialismo desde el 11 de
Septiembre con una arrogancia y
chulería muy cercanas al fascismo.
Y
si esta ley de partidos es golpista
y liberticida no puede ser inocua su
aplicación, por eso es normal que
no se pueda entender para nada a los
partidos que como Izquierda Unida
dijeron no a la ley y ahora no
sabemos por qué miedos, presiones o
incoherencias se abstienen, ya que
la ética más elemental exige
cambiar esa ley en cuantas ocasiones
se pueda y por todos los medios a
nuestro alcance ya que estamos
hablando de dejar sin expresión política
a más de 200.000 personas, nada más
y nada menos.
Pero
además ilegalizar Batasuna no sirve
absolutamente para nada, si acaso
para echar leña al fuego, romper
puentes y radicalizar un conflicto
político que de una puñetera vez
debe ser reconocido como tal. No
reconocer la naturaleza política
del conflicto existente en Euskadi
es como el avestruz meter la cabeza
bajo el ala y desde ahí es
imposible construir ninguna salida
hacía la paz.
Y
ese conflicto radica en que una
parte más o menos importante de la
nación vasca quiere que se
reconozca al pueblo vasco el derecho
de autodeterminación que le permita
decidir su futuro desde sí mismo.
Creo
que la solución a este conflicto
político tiene que pasar por tanto
por una solución política en la
que puedan dialogar todas las partes
en conflicto para intentar encontrar
una salida que desde luego ha de
pasar por el reconocimiento de este
derecho democrático admitido
internacionalmente entendido
"como la libertad que tiene
cada pueblo a decidir en cada
momento la cantidad de soberanía
que quiere ejercer y si quiere
federarse o confederarse al Estado
español o a cualquier otro Estado o
si por el contrario quiere la
independencia absoluta y formar
Estado propio".
Si
para reconocer este derecho ha de
reformarse la actual constitución
en sus títulos Preliminar, II, III,
IV, VII, VIII, IX y X y el Estatuto,
para llegar a un estadio político
realmente diferente al actual que
permita otras reglas del juego donde
todas las opciones políticas tengan
espacio suficiente desde donde
actuar no ya en Euskadi sino en
cualquier otra nación de las que
forman el Estado español... hágase
sin tantos complejos ni tantas
monsergas.
Creo
que rompiendo el mito de que la
Constitución y los Estatutos son
inamovibles estaremos en muchas
mejores condiciones para abordar no
solo el problema en Euskal Herria
sino en el Estado español donde las
otras naciones que lo componen
necesitan tener la posibilidad real
de ejercer su soberanía hasta donde
sus pueblos decidan.
El
actual estado de las autonomías está
ya más que obsoleto y querer
imponerlo por la fuerza choca con la
realidad y los sentimientos de unas
naciones más o menos emergentes que
en cualquier caso deben gozar de la
libertad que les permita fijar por sí
mismas sus horizontes futuros y sus
señas de identidad.
Desde
ahí si puede abordarse el problema
hoy de la violencia en Euskadi y
llegar al abandono de las armas por
parte de ETA pero también estaremos
evitando otros conflictos que más
temprano o más tarde pueden darse
en Cataluña, Galicia o Andalucía.
La
Globalización entre otros efectos
trae el recorte de soberanía a los
pueblos y naciones de este planeta
ya que hay un trasvase continuado de
esta soberanía, de la capacidad
real de decidir que está pasando de
la esfera de lo político al Mercado
que es quien realmente a través de
sus multinacionales, FMI, Banca
Mundial, OMC o la Trilateral deciden
los cultivos que se han de sembrar,
las industrias que tienen que
desaparecer, el hambre que se tiene
que sufrir o las guerra que hay que
declarar y en el lugar concreto de
este planeta que habitamos donde se
tienen que producir. No es
ninguna tontería en este contexto
de perdida de soberanía de los
pueblos y naciones de reclamar
espacios reales de decisión... para
hacer posible otro modelo de
desarrollo y otro modelo de
sociedad... pero en cualquier caso
lo que me parece estúpido es
aferrarse a unas estructuras donde
no se sientan cómodos los pueblos
entre otras cosas porque los pueblos
tendrán siempre el derecho a
subvertir.
Pero
además es que la paz no tiene otro
camino que el de la libertad y el
crecimiento de los derechos sociales
y nacionales de los pueblos, nunca
desde su prohibición, represión,
recorte o ignorancia.
Algunos
partidos defienden un Estado Federal
pero ese Estado no es posible desde
la actual Constitución española y
desde luego es evidente que
cualquier forma de federalidad tiene
que venir previamente desde un referéndum
en el que cada uno de los pueblos y
naciones manifiesten su voluntad
para dar lugar a esa federalidad y
puede haber naciones que no quieren
acogerse a esa federación y desde
luego esas naciones tendrán siempre
el derecho innegociable a ser
independientes.
Cualquier
modelo de Estado que se defienda ya
sea federal o confederal pasa por
esta libertad esencial que
indudablemente no se le puede negar
a ningún pueblo ni hoy, ni mañana,
ni nunca.
Por
tanto el camino de la paz no puede
nunca venir desde la negación del
contrincante o del enemigo y mucho
menos de su derrota o aplastamiento
sino desde el diálogo, la negociación
y el encuentro por muy duro que este
sea y aunque la distancia entre esos
oponentes o enemigos sea
aparentemente insalvable.
Ilegalizar
lo que no le gusta, odia o teme ha
sido siempre una tentación del
poder que no es solo rematadamente
inútil para la paz sino una magnífica
estupidez cuyos efectos han sido
siempre contrarios a lo que se
busca. La paz es algo mucho más
complicado y desde luego
infinitamente más serio.
La
paz solo puede venir desde la
tolerancia, la generosidad, la
inteligencia y la justicia.
* Juan
Manuel Sánchez Gordillo es Portavoz
Nacional de CUT-BAI y Alcalde de
Marinaleda