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Tragedia en Londres

Nuestra condena nada tiene que ver con la de Bush y Blair

COMISIÓN PERMANENTE NACIONAL

Como el 11-M en Madrid, las bombas no han matado indiscriminadamente. Han asesinado a personas humildes, trabajadores de todas las culturas -como decía el Alcalde izquierdista de Londres, Ken Livingston- que viajaban en un medio de transporte nada selectivo ni elitista de una ciudad que ha salido una y otra vez a la calle para protestar contra la guerra.

Como en Madrid, las bombas de Irak ahora estallan en Londres. La barbarie y el horror de una guerra ilegal e ilegítima que el trío de las Azores llevó a Bagdad para beneficio de las multinacionales petroleras ahora es devuelto. Como Aznar, Blair ha puesto a sus propios compatriotas en la línea de tiro del terrorismo internacional. Ellos hacen la guerra, nosotros ponemos los muertos.

Como Bush y Aznar, Blair mintió a su pueblo. Sabía que Irak, tras doce años de embargo criminal de la ONU, no disponía de armas de destrucción masiva y que no existía conexión alguna de Sadam Hussein con el 11-S.

Blair tiene las manos manchadas de sangre inocente iraquí y británica. Su Gobierno es responsable político de lo ocurrido. Su condena está llena de hipocresía y nada tiene que ver la nuestra. Quién invade, destruye y expolia un país soberano como Irak no tiene ningún derecho moral a condenar la violencia.

Nosotros, los que nos manifestamos contra la guerra, las bases, la deuda y la pobreza en el mundo; los que ponemos los muertos a sus guerras de rapiña; los que pensamos que otro mundo es posible si se lucha decididamente por él... sí estamos legitimados a condenar la barbarie de la guerra y las consecuencias terribles que conllevan.

Condenamos este acto criminal porque siega la vida de personas inocentes y fortalece a los poderosos del mundo. A pesar de sus lágrimas de cocodrilo, Blair y Bush están contentos. Las bombas de Londres proporcionan las excusas necesarias para proseguir su cruzada neocolonialista, para recortar derechos y libertades, para endurecer la represión de la izquierda disidente y criminalizar a los movimientos sociales alternativos.

En estos momentos, nuestra total solidaridad con las víctimas de Londres y de Irak, nuestra absoluta repulsa a los que cambian vidas humanas por petróleo.