Tras
más de dos años sin víctimas
mortales, ETA ha anunciado en un
comunicado el fin de los atentados a
concejales y cargos públicos.
Asimismo, todos los Grupos
Parlamentarios menos el PP votaron una
resolución autorizando al Gobierno a
dialogar con ETA.
Es
obvio que existe un nuevo escenario de
distensión. Con mucha precaución y
cautela, comienza a dislumbrarse la
posibilidad de un proceso que recuerda
al irlandés. Pero a diferencia de
aquel, el probable Gerry Adams vasco,
Arnaldo Otegui, dirigente de la
izquierda abertzale e interlocutor de
una de las partes, es encarcelado en
base a una nueva ‘garzonada’, es
decir, con un sumario trucado. Aunque
salió al día siguiente tras pagar
una fuerte fianza se trata de un mal
comienzo.
Las
presiones de la derecha y del propio
aparato del estado, la debilidad del
Gobierno ZP y sobre todo, la
imposibilidad de hacer concesiones
importantes sin poner en riesgo el
régimen monárquico heredado de la
dictadura franquista, hará que el
proceso de diálogo y negociación no
esté exento de zancadillas y
tensiones.
Los
que nunca hemos compartido la
política de bombas y tiros para
solucionar problemas políticos
abogamos por un final de la violencia
en base a un acuerdo que permita el
derecho que tienen los vascos y
cualquier pueblo a decidir libremente
su futuro.
Y
esto implica no sólo la reforma
sustancial de la Constitución del 78,
sino también la derogación de leyes
reaccionarias que posibilitan la
ilegalización de partidos y coartan
la libertad de expresión.
No
obstante, no hay que confundir los
deseos con la realidad. Zapatero y el
establishment español buscan la
derrota del soberanismo vasco y la
rendición de la izquierda abertzale
mediante una especie de «paz por
presos», es decir, el desarme y la
disolución de ETA a cambio de poner
progresivamente los 720 presos en la
calle. En ningún caso se les ha
pasado por la cabeza el reconocimiento
del ámbito vasco de decisión.
En
cualquier caso y mal que le pese a
algunos es tiempo de diálogo y
negociación.